domingo, 27 de octubre de 2013

Una mirada argentina desde la Europa contemporánea al conflicto: “Argentina y las Islas Malvinas”

“Argentina y las Islas Malvinas”

Artículo publicado en 1982 en la Revista del Instituto francés de relaciones internacionales (IFRI) por Ángel Tello.



“L’Argentine et les Iles Malouines”.

Con el fin de comprender mejor el conflicto de las islas Malvinas, es necesario primero ubicarlo en su marco histórico, a partir del siglo XV. Veremos luego el desafío geopolítico que representan estas islas, para tomar de manera más precisa su importancia. Finalmente, en conclusión, estudiaremos las implicancias y las consecuencias de este conflicto en el conjunto de la escena mundial.

El marco histórico

Luego del descubrimiento del continente americano por Cristobal Colón el 12 de octubre de 1492, el papa Alejandro VI, por la bula Inter Caetera del 04 de mayo de 1493, define los dominios que le corresponden a la Corona española. De este modo Alejandro VI divide al Nuevo Mundo en una zona española y una zona portuguesa, la frontera pasa 270 millas al oeste de las Azores. La Santa Sede es en la época el árbitro, el defensor del orden universal. El derecho público europeo le reconoce entonces la autoridad necesaria para disponer de territorios que no le pertenecen a nadie. (Inglaterra se había beneficiado de este procedimiento desde 1155 cuando Enrique II obtuvo Irlanda por una bula papal). En 1494, el límite establecido por la bula pontificia es movido a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde durante la firma del tratado de Tordesillas entre Portugal y España.
Hernando de Magallanes deja España en 1519 con el fin de dar la vuelta al mundo. Esta expedición avista por primera vez las islas Malvinas, bautizadas entonces con el nombre de Sanson y Patos. El cosmógrafo Santa Cruz, en su Islario de 1541, lo tiene en cuenta. El mapa de Pedro Reinel de 1524 y las cartas de Bartolomé Olives de 1526 también las señalan. Tres armadas bajo bandera española, Loayza en 1526, Alcazaba en 1534 y Camargo en 1539, recorren la región de las Malvinas luego de la expedición de Magallanes y antes de que cualquier otra flota llegue al lugar.

Tomando como referencia el Islario de Alonso de Santa Cruz, la Geografía de Ptolomeo oficializada por el Senado de Venecia, y comparada con el mapa de Weimar de 1521, una conclusión definitiva se impone: los españoles fueron los primeros que avistaron y descubrieron las islas Malvinas. En el Congreso internacional de geografía, que se llevó a cabo en Amsterdam en 1938, pudimos apreciar la autenticidad de los mapas españoles.
Hacia fines del siglo XVI, Felipe II de España debe a la vez superar la victoria de Lepanto contra los turcos en 1571 y el fracaso de 1588, la destrucción de la Armada Invencible. Es en esta época que se desarrolla una intensa rivalidad entre los buques de la reina Elizabeth de Inglaterra y los españoles; las expediciones inglesas de Ratcliff y John Hawkins, de Drake y de Cavendish asolan los mares. Y, en 1592, John Davis, desertor de la expedición de Cavendish, afirma haber visto las islas Malvinas.
El 12 de febrero de 1580, frente a un notario público, Felipe II sanciona: “... A partir de este instrumento, con el fin de que sea conocido por todos, y que ninguna nación bárbara, ni política católica o no católica, fiel o infiel, pueda pretender tener un pretexto, a causa de su ignorancia, para entrar, sin autorización del poderosísimo Señor rey de Castilla y León y sus Herederos, permanecer o poblar las regiones del estrecho comúnmente llamado de Magallanes. Nadie puede creer que estas tierras son tierras que no tienen ni señor, ni rey…. Estas tierras caen dentro de los límites reconocidos por las bulas papales y pertenecen al rey de Castilla y León y a sus Herederos…” el res nullius no existía y estos territorios pertenecían a la Corona española. La aplicación ulterior del utis possidetis juris, una vez declarada la independencia de las antiguas colonias españolas, hicieron que estos territorios constituyeran una parte de las nuevas naciones latinoamericanas.
En 1690, una tempestad atrae al capitán inglés John Strong a las costas de las Malvinas. En 1701, buques franceses comienzan a visitar estas islas, primero por casualidad, luego con el fin de localizar y explotar nuevas zonas de pesca. Entre 1740 y 1741, Gran Bretaña proyecta una expedición científica que el gobierno español consigue impedir. Los británicos manifiestan un interés creciente por estas islas cercanas al estrecho de Magallanes. Quince años más tarde, los acuerdos de París de 1763, firmados luego de la guerra de los Siete Años, atribuyen Luisiana y el Canadá francés a Gran Bretaña.
Louis de Bougainville, con fuerte aprobación de Luis XV, proyecta poblar las Malvinas. El 02 de febrero de 1764, la bandera francesa es izada en Puerto Soledad, bautizadoa Port Saint-Louis por los franceses. El 25 de enero de 1765, los ingleses desembarcan secretamente en Puerto Cruzado rebautizándolo Port Egmont.

España protesta simultáneamente frente a los reyes de Francia y de Gran Bretaña. Y, el 01 de abril de 1767, la Corona española recibe las Malvinas de Louis de Bougainville en persona. El capitán español Felipe Ruiz Puente se transforma en gobernador. Cuando se dice que Francia no se ha pronunciado sobre el fondo de la disputa que enfrenta a Inglaterra y Argentina, podemos preguntarnos si la política de un Estado comienza y termina con tal o cual gobierno. Luis XV reconoció los derechos de España de ejercer su soberanía en las islas Malvinas en nombre de Francia y esto es una posición
“sobre el fondo de la disputa” adoptada en el pasado por una Nación.
Un tercer pacto de familia es firmado en 1763, en el momento en que las ambiciones inglesas sobre los territorios españoles y franceses del continente se hacen más ofensivas. Belice, Trinidad y Tobago, Luisiana, Canadá, Malvinas, etc, formaban un conjunto disputado por los ingleses a los españoles y franceses. La actitud inglesa, a la que se suman las tensiones en Europa, condujo a Luis XV y a Carlos III de España a firmar esta alianza.
En diciembre de 1769 ingleses y españoles se enfrentan en Malvinas, en el estrecho de San Carlos. El duque de Choiseul hace saber a España que Francia se mantendrá a su lado. Lord Rochfort le reconoce entonces al embajador español Masserano que su gobierno no tiene ningún interés en ocupar las islas y que se trata sólo de un capricho de Lord Egmont. Los ingleses no reclaman Puerto Soledad dónde los españoles están establecidos sólidamente. Les piden solamente que sea lavada la injuria constituida por el enfrentamiento de diciembre de 1769. Weymouth precisa a Masserano: “Inglaterra desea sinceramente que los hechos de Puerto Egmont sean arreglados amigablemente dentro de los límites tolerados por el honor de la Corona. Hay que poner fin a la hostilidad declarada, emprender un período de paz volviendo a la situación anterior, y, a partir de esto, discutir el derecho que cada una de las partes pretende tener sobre estas regiones”.
Carlos III no acepta esta proposición. No quiere desaprobar ni al gobernador español de Buenos Aires, Bucareli, ni a los marinos que expulsaron a los ingleses de las Malvinas. Pero en Gran Bretaña la "cuestión" de Malvinas se transforma en un problema nacional. El embajador español insiste en el hecho de que las Islas fueron descubiertas por Magallanes y que la bula papal de 1493 se las otorgó a España. El 22 de enero de 1771, el príncipe Masserano le informa al ministro inglés que el rey de España no reprueba la acción de los ingleses pero que su amor por la paz lo obliga a poner las cosas en su lugar. La decisión es acompañada de necesarias aclaraciones por parte del embajador español: “la acción no afecta la cuestión del derecho a la soberanía española sobre las islas Malvinas, que no pueden ser llamadas F#lklands”. El gobierno inglés da su acuerdo y parece satisfecho de las precisiones aportadas por el príncipe Masserano. El 22 de mayo de 1774, el teniente Samuel Clayton restituye Puerto Egmont a las fuerzas españolas.
En 1776, el mismo año en que Estados Unidos se declara independiente de Gran Bretaña, España crea el virreinato del Rio de la Plata. La idea de un virreinato del Rio de la Plata emerge en el momento del diferendo con Gran Bretaña sobre las Malvinas. Su creación tiene como objetivo ser un obstáculo a los ataques de los portugueses, aliados de Gran Bretaña, y defender a Perú y la Patagonia contra eventuales ataques ingleses a lo largo de las costas. Cada virreinato es organizado como una verdadera nación de ultramar. Desde 1774, los españoles llegan a Malvinas con ganado, plantas y hasta barriles de tierra. Veinte gobernadores españoles administran las Malvinas de 1767 a 1811. Pero, el 25 de mayo de 1810, el primer gobierno patrio se forma en Buenos Aires, y, el 9 de julio de 1816, los territorios que formaban parte del virreinato del Rio de la Plata se declaran independientes de España.

En noviembre de 1820, David Jewett toma posesión de Malvinas en nombre del gobierno de Buenos Aires y la bandera argentina es izada. El 10 de junio de 1829 es creado en Buenos Aires el Mando político y militar de las Islas con asiento en Puerto Soledad y, unos días más tarde, Luis Vernet se transforma en el primer comandante político y militar argentino de una región que iba desde Malvinas a las islas próximas al Cabo de Hornos.
El 31 de diciembre de 1831, la corbeta norteamericana Lexington, portando pabellón francés, ataca Puerto Soledad, incendia las casas, destruye los depósitos de armas, etc. Luego de este incidente, el gobierno de Estados Unidos envía a Francis Baylies para negociar con las autoridades argentinas, pero este último es expulsado de Buenos Aires por el gobierno. Es interesante sin embargo señalar la correspondencia confidencial intercambiada entre el representante norteamericano y el embajador británico en Buenos Aires: “Si Inglaterra establece su influencia sobre el Rio de la Plata, esto debe permitirle ejercer su dominio sobre sus mares y tendrá consecuencias importantes, sobre todo en el comercio. Si esto no ocurriera, Buenos Aires y todos los puertos de la región se harían puertos refugios para los piratas”. El conjunto de las conversaciones de los dos diplomáticos es transcripto en sus correspondencias regulares con sus gobiernos. “…Constaté, declaraba Fox, embajador británico en Buenos Aires, que Baylies y su gobierno ya estaban al corriente y dispuestos a reconocer los derechos soberanos de su Majestad británica en las islas F#lkland”.
El 3 de enero de 1833, el capitán inglés Onslow, al mando de la fragata Clio, desembarca en las Malvinas y es el principio de una ocupación ilegítima que todavía persiste hoy. Los habitantes argentinos de las islas son expulsados y reemplazados por colonos británicos que se definen como "Falklanders". Cuando el gobierno británico declara que hay que tener en cuenta la voluntad de los habitantes actuales de las islas Malvinas olvida que en 1833 no tuvo en cuenta la voluntad de los argentinos y de los españoles que fueron expulsados manu militari.
Aunque en el curso del siglo XIX, Argentina haya tomado el cuidado de utilizar la vía diplomática para reclamar la aplicación de sus derechos legítimos, se encontró frente a un muro de silencio británico. Sir Walter Raleigh lo expresó claramente precisando que: “El que domina el mar, controla el comercio. El que controla el comercio, domina las riquezas del mundo”. La batalla de Trafalgar confirmó la supremacía marítima británica sobre todos los océanos, la supremacía que se mantendrá durante casi un siglo y medio.
Hay que recordar que en la misma época, Inglaterra busca atribuirse el mayor número de territorios en un vasto sector del Atlántico Sur. Ocupa el cabo de Buena Esperanza en 1806. Buenos Aires y Montevideo rechazan dos invasiones inglesas en 1806 y 1807; la isla de Santa Elena se hace inglesa en 1815, las islas de Ascensión y Tristán y Cunha en 1816 y las islas Malvinas en 1833. Después de un período aislacionista, las flotas de guerra inglesa garantizan la "pax británica". Para Gran Bretaña, la posesión de las islas Malvinas es de una importancia primordial: por su situación geográfica, en la entrada del estrecho de Magallanes, controlan el conjunto del tráfico comercial entre el océano Atlántico y el océano Pacífico.
Pero ahora nos falta considerar las acciones emprendidas por Argentina a lo largo del siglo XX concernientes a las Malvinas. En 1933, en Montevideo, en el curso de la VIIª Conferencia internacional de Estados americanos, se estableció que: “Los Estados miembros consagran de manera definitiva, como norma de conducta, la necesaria obligación de no reconocer las adquisiciones territoriales o las ventajas especiales que sean obtenidas por la fuerza, sean por el uso de las armas o por presiones diplomáticas obtenidas bajo amenaza de un hipotético uso de armas. El territorio de los Estados es inviolable y no puede ser objeto de ocupación militar ni de ninguna otra presión ejercida por otros Estados, de manera directa o indirecta, bajo ninguna justificación, incluso ni de modo transitorio”.
En 1945, Argentina firma la Carta de las Naciones Unidas y, en la reunión de San Francisco, expresa su posición en cuanto a sus derechos sobre las islas Malvinas. Desde la creación de las Naciones Unidas, Argentina recuerda, durante cada reunión de la Asamblea general, sus derechos legítimos sobre las Islas. De la misma manera, este reclamo es llevado a la Organización de Estados Americanos (OEA). La Xª Conferencia interamericana, reunida en Caracas en 1954, aprueba la resolución 96 concerniente a las colonias y los territorios ocupados en el continente americano. Esta resolución declara: “Es voluntad de los pueblos del continente americano que sea eliminado definitivamente el colonialismo mantenido contra el sentimiento de los pueblos y también la ocupación de los territorios”. Ella proclama también “la solidaridad de las Repúblicas americanas asociadas con los justos reclamos de los pueblos de América en relación con los territorios ocupados por países extracontinentales”.
La larga y laboriosa acción argentina en el seno de las Naciones Unidas fue coronada el 16 de diciembre de 1965 por la resolución 2065, aprobada sin oposición (14 abstenciones) por la reunión plenaria de la Asamblea general. Ella establece: “...Considerando que la resolución 1514 (XV) del 14 de diciembre I960 se inspiró en la declaración del deseo de poner fin al colonialismo en todas partes y bajo todas sus formas, una de ellas es el caso de las islas Malvinas (F#lkland Islands)”. “Teniendo en cuenta la existencia de un litigio entre Argentina y Gran Bretaña sobre la soberanía en estas islas”. “Se invita a los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña a proseguir sin retrasos las negociaciones indicadas por el Comité especial encargado de examinar la situación en relación a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia de los países y pueblos colonizados a los fines de encontrar una solución pacífica al problema. Esto teniendo en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la resolución 1514 (XV), asi como los intereses de la población de las islas Malvinas (F#lkland Islands)”.

El desafío geopolítico

Las islas Malvinas se encuentran en el Atlántico Sur, vasta región que tiene como base a la Antártida y que se comunica con otros dos océanos: el Océano Índico en el sur de África y el océano Pacífico en el sur del continente americano.
Si se observan los continentes, los países y las tierras que rodean al Atlántico Sur, comprobaremos que éstos contienen considerables riquezas para el futuro de la humanidad. De un costado, Sudáfrica, Namibia, Angola, Zaire, Congo, etc, con sus yacimientos petroleros y minerales; del otro lado, Brasil, Uruguay y Argentina que constituyen una de las regiones más aptas del planeta para la producción agrícola y la ganadería en sus variadas formas.
En lo que concierne a la Antártida, resulta que la parte de este continente bañada por las aguas del Atlántico Sur es la que se considera como la más rica en recursos minerales e icticolas. Argentina reclama un sector en la Antártida idéntico al reivindicado por Gran Bretaña. En 1959, los dos países firmaron en Washington el tratado Antártico. El Tratado congeló las reivindicaciones territoriales y, por consiguiente, no reconoce soberanías particulares sobre el territorio antártico.
El futuro de la Antártida es incierto. El tratado actual expira en 1989 y en ese momento una decisión deberá ser tomada. Estados Unidos y la URSS ya declararon que ellos reconocen como sector a reclamar los "360 grados", es decir, todo el continente; este lenguaje significa que los dos países son favorables a la internacionalización de la Antártida. Justo detrás de la idea categórica de la internacionalización, se esconde también una realidad, los países desarrollados serán los verdaderos beneficiarios de este nuevo status. Ellos disponen de los medios y la tecnología necesaria para explotar las riquezas del continente blanco. Si la idea de internacionalización puede en principio servir para el conjunto de la humanidad, se impone un control y una reglamentación estricta para evitar que la Antártida se transforme en un asunto de un puñado de ricos en el planeta.
El Atlántico Sur oculta también importantes riquezas submarinas que se encuentran sobre todo cerca de la región sudoccidental, es decir, cerca de las islas Malvinas. Es así que los geólogos argentinos, norteamericanos, soviéticos e incluso el Foreign Office estiman en alrededor de 20.000 millones de metros cúbicos el potencial petrolero de la región. El krill es también una importante fuente de proteínas y, cerca de Malvinas y las islas Georgias, es posible pescar sin depredación un volumen anual de 90 millones de toneladas, cifra superior a la pesca anual de todos los países sobre todos los mares del planeta, al día de hoy.
En 1976, Lord Shackleton emprende por cuenta del gobierno británico una misión en las islas Malvinas, y es interesante señalar unas observaciones hechas en el informe final presentado al Foreign Office: “La estructura económica, en particular la propiedad de casi todas las explotaciones rurales, en manos de empresas registradas en Gran Bretaña pero no en las islas, y la ausencia de instituciones financieras (bancos por ejemplo), con una falta de oportunidades de inversiones claramente definidas, provocó un drenaje perpetuo de los fondos del archipiélago hacia Gran Bretaña. De esta manera, la actividad económica falla desde la base para la expansión y su disponibilidad de capital tiende a disminuir. La emigración gradual tiene ya más de cuarenta años, por lo menos, con la lógica declinación de las poblaciones”. “El modelo de actividad económica y de colonización definido históricamente conlleva a una estructura social muy dividida”.
Después de haber analizado las posibilidades económicas de la región, y en particular el potencial petrolero, Lord Shackleton concluye en “la imposibilidad para Inglaterra de concretar totalmente sola el desarrollo de las islas en algunos sectores de la industria y, en consecuencia, tiene necesidad de contar con el apoyo argentino”. Es después de la misión de Shackleton, que acarrea un estudio más preciso sobre las riquezas de las Malvinas, que Gran Bretaña decide congelar las negociaciones en curso con Argentina sobre el status futuro de las islas.

Agregamos también algunas cifras reveladoras. En 1965, el tránsito marítimo petrolero por el Atlántico Sur es de 800.000 barriles por día. En 1976, esa cifra alcanza los 18 millones de barriles por día y hoy se sitúa en 65 millones de barriles por día. Por el camino del Cabo circulan actualmente 24.000 buques al año, es decir, el 45% del tráfico comercial mundial, el 50% del petróleo importado por Estados Unidos y el 80% del petróleo importado por Gran Bretaña. Debemos tener en cuenta también que los buques de guerra y en particular los portaaviones y los submarinos nucleares no pueden utilizar el canal de Panamá o el de Suez debido a sus dimensiones y a su tonelaje, lo que los hace muy vulnerables en caso de guerra generalizada. En esta región, se encuentran las islas Malvinas, situadas casi en la entrada del estrecho de Magallanes y próximos al pasaje de Drake y al canal de Beagle, cercanos también a uno de los accesos al continente antártico, islas que se disputan Gran Bretaña y Argentina desde hace 150 años.
Es evidente, como lo demostramos a lo largo de este artículo, que las islas Malvinas pertenecen a Argentina, por referencia a sus derechos históricos, pero también por el hecho de que se sitúan en una zona geográficamente argentina y no inglesa.
Argentina tiene un diferendo de antigua data con los chilenos a propósito del canal de Beagle y de las islas que se encuentran en el sur de este canal. Inglaterra fue el árbitro de esta disputa. Pero fue un grosero error confiar un arbitraje tan delicado a una potencia que tenía intereses en la región. Argentina eligió, en efecto, como juez en este asunto, a quien ocupa después de casi un siglo y medio una parte de su territorio, un juez que, lejos de ser imparcial, tiende naturalmente a favorecer a una de las partes. Así, es muy evidente que Chile y Gran Bretaña se pongan de acuerdo para beneficiarse del debilitamiento de Argentina. Lord Chalfont se asombra de la conducta de los chilenos durante el conflicto de Malvinas. Sin embargo no es nada asombroso, si se tiene en cuenta el conjunto de intereses en juego en la región.
En cuanto a Brasil, si bien es cierto que desde hace mucho tiempo fue rival de Argentina sobre el continente latinoamericano, también está claro que Brasilia no desea enfrentarse a un condominio anglo-chileno en el Atlántico Sur. Brasil tiene sus propias teorías sobre esta región del mundo y, de la misma manera que un control absoluto de Argentina sobre esta zona del mundo sería muy mal visto por Itamaraty, una fuerte presencia inglesa en las Malvinas, aumentada por la de los chilenos en el Beagle, sería también mal vista por Brasil.
El conflicto de Malvinas también reveló otra dimensión del problema: ¿cuáles son las intenciones de Estados Unidos en esta región? Los norteamericanos alimentan también intenciones en el Atlántico Sur y sobre las Malvinas en particular. La instalación de una base aeronaval en las islas presentaría una ventaja de importancia para el control de una parte del continente antártico como también para el control militar, el transporte y el comercio en el estrecho de Magallanes. La solución "tripartita" propuesta por Alexander Haig en el curso del conflicto de Malvinas respondía a los intereses de Estados Unidos en la región.
Gran Bretaña y, en menor medida, el gobierno chileno pueden sacar provecho de la presencia norteamericana en las islas Malvinas. Pero Brasil, Argentina y otros países latinoamericanos no ganarán nada al encontrarse frente a una presencia permanente de una de las dos superpotencias en el Atlántico Sur.
Brasil, primero, porque mantiene una política exterior más o menos independiente frente a Estados Unidos. Su dependencia frente a los países árabes para sus importaciones de petróleo y los lazos tejidos con los países africanos hacen de la política exterior brasileña un obstáculo para la estrategia norteamericana en el Atlántico Sur. Por su parte, Argentina, socio económico privilegiado de la URSS desde hace algunos años y país competidor de Estados Unidos en los mercados internacionales, tiene un interés a largo plazo en desarrollar una política independiente en esta zona del mundo.

Conclusiones

Podemos lanzar varias conclusiones de este conflicto de Malvinas.
En primer lugar, hay que observar la reacción latinoamericana frente al enfrentamiento anglo-argentino y constatar un alejamiento de los países de la región con relación a Estados Unidos, del mismo modo es verdad que los lazos económicos, políticos e incluso militares se mantienen importantes. Y es evidente que la posición de los norteamericanos al lado de los ingleses refuerce a los "duros", es decir, Cuba, Nicaragua, Panamá, Venezuela y, en en menor medida, México. En otro nivel, los países como Perú, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y hasta Brasil y Uruguay, se encontraron brutalmente frente a un conflicto y el claro endurecimiento de algunos de sus vecinos los obligó a tener una política más alejada de la de Estados Unidos.
En segundo lugar, asistimos a una aproximación de Venezuela al eje histórico Perú-Bolivia-Argentina. Esta situación pone a Brasil en una posición molesta y lo obliga, teniendo en cuenta su proyecto de pacto amazónico, a apoyar, hasta de forma moderada, a Argentina. Chile, por su parte, también se encuentra en una posición delicada porque, aunque es verdad que un debilitamiento de Argentina puede serle beneficioso, también es verdad que no podrá sacar provecho rápidamente de esta situación.
En tercer lugar, debemos comprobar la derrota de Gran Bretaña sobre el plano latinoamericano y tal vez también sobre otros países de la CEE. Sin juzgar las profundas razones del desencadenamiento de las hostilidades de Argentina en las islas Malvinas, es muy evidente que el enfrentamiento desbordó el marco de un gobierno militar para transformarse rápidamente en un enfrentamiento entre la Nación argentina y una potencia colonial. El argumento falaz utilizado por Gran Bretaña, es decir, que se trataba de una lucha entre una dictadura y una democracia, se desmoronó rápidamente cuando el conjunto de las fuerzas internas de Argentina apoyó el intento de recuperación de las islas mientras manifestaba su oposición a los militares. También, Gran Bretaña debe comprender que la era de los regímenes coloniales está terminada y que la situación interna de Argentina será resuelta por el propio pueblo argentino y no por Londres.
Por último, debemos considerar el papel que la Unión soviética arriesga jugar en la región. Es evidente que el gran perdedor a largo plazo es Estados Unidos. El TIAR, tratado firmado por los países americanos en 1947 con el fin de defenderse contra cualquier agresión de potencias extrarregionales, se transdormó rápidamente en una herramienta del enfrentamiento Este-Oeste inútil en el caso de un enfrentamiento Norte-Sur, así como lo demostró el asunto de las Malvinas. ¿La URSS puede ocupar el lugar de Estados Unidos en la región? Desde un punto de vista propiamente latinoamericano esto parece difícil si se tiene en cuenta el hecho de que la URSS tiene muy poco que ofrecer a las naciones latinoamericanas sobre el plano económico y político, o, mejor dicho, los soviéticos no tienen otra cosa para ofrecer que los norteamericanos, aunque la URSS tenga más posibilidades de implantarse en América latina que en el pasado. Pero hay que ver bien también que los países del continente son países que tienen una larga tradición de independencia y qué, si ellos la hacen valer hoy con relación a Gran Bretaña y a Estados Unidos, la preconizarán también de ahora en más frente a los soviéticos.
Si estudiamos la historia latinoamericana del siglo XX, sea en el curso de la Primera o de la Segunda Guerra mundial, es decir, en el momento de las grandes crisis internacionales, los centros mundiales de poder se debilitaron mientras que las fuerzas que se desarrollaron por todas partes en América latina se emparentaban más con tendencias nacionalistas que con deseos de aproximación hacia una u otra de las potencias en guerra.

¿El conflicto de Malvinas es un conflicto del siglo XIX, o se trata de un conflicto del siglo XXI? Los dos aspectos existen. Las Malvinas y otras islas del Atlántico Sur están ocupadas ilegalmente por Gran Bretaña y su incorporación a América latina aparece como una reivindicación justa de Argentina. La reacción latinoamericana frente a la acción británica se expresa en un marco donde todavía subsisten vestigios coloniales en litigio en América latina, entre uno o varios países, con antiguas o nuevas potencias. Es el caso de Belice, la Guyana inglesa e incluso el canal de Panamá. La victoria inglesa ha sido interpretada por los países latinoamericanos como un grave fracaso para el conjunto del continente y la imagen de Alexander Haig sentado en medio de los ministros de Asuntos Exteriores latinoamericanos que apoyan a Argentina, es muy reveladora. Visto desde este ángulo, podemos pensar que este conflicto pertenece al siglo XIX.
¿Pero por qué no situar este conflicto en el marco de una carrera hacia la conquista de nuevas fuentes de materias primas? ¿Por qué no pensar que los países del Norte quisieron penalizar a un país del Sur que se atrevió a poner en duda, sin juzgar la acción y la oportunidad, un mundo profundamente desigual? Los países latinoamericanos comienzan a darse cuenta de esta amenaza y están muy preocupados, teniendo en cuenta las enormes reservas que existen en esta región y en otras partes de América latina y de la importancia que éstas tendrán para el futuro del mundo en el curso de las próximas décadas.
Argentina recuperará las Malvinas tarde o temprano. Es un hecho irreversible. Gran Bretaña no puede mantenerse en dos islas situadas a 14 000 kilómetros de su territorio continuando haciendo frente a países cada vez más hostiles a ella. Y esto es tan así si se tiene en cuenta el hecho de que América latina comienza a transformarse en un continente que afirma una identidad propia, agitada por fuerzas nacionales ligadas a la defensa de la democracia, la justicia social y la no alineación mientras que Gran Bretaña se encuentra actualmente en una situación difícil para enfrentar tal voluntad latinoamericana.
Conviene recordar lo que decía Tito Livio: “Vincere sees Hannibal, sed utis victoria nescis” ("Sabes vencer, Hannibal, pero no sabes consolidar tu victoria”).


IFRI Institut français des relations internationales
Autor: Angel Tello
"L'Argentine et les îles Malouines". Politique étrangère N°4 1982 47e année
Traducción: Hernán Favier