viernes, 2 de diciembre de 2011

Relatos de la guerra: letras escritas por corazones impregnados de turba malvinense

Esta es la historia de uno de los tantos soldados “sólo conocido por Dios”, otro héroe anónimo que descansa en la turba malvinense luego de encontrar la muerte en un lugar casi inexpugnable, dando una denodada batalla desigual contra las tropas británicas hasta agotar munición:


Conscripto Clase 62 del BIM 5 “Pedro”

¿Cómo empezó todo, te acordás?

¡Claro! Imposible olvidarme... ¿te digo?: yo quería hacer la colimba. En casa no decía nada y me hacía el fastidioso cuando se trataba el tema con mi vieja pero en el fondo yo lo estaba esperando. Cuando me sortearon me reía solo porque en la época en la que la hizo mi viejo hubiesen significado dos años bajo bandera... ¡Bárbaro!... pero no, ahora era mucho mas livianita la cosa... bueno... eso imaginaba yo por aquél tiempo, ¿qué cosa no?

Te digo que no se la imaginaba nadie...

No, ¡ya sé!, si dicen que salvo un grupo de tipos los demás nada que ver, hasta dicen que varios de los Jefes de las Unidades que intervinieron se enteraron por los diarios... no... que te ibas a imaginar...

¿Dónde te presentaste?

En Puerto Belgrano y de ahí derecho a Tierra del Fuego, ¡lindo!, yo siempre había vivido en Bahía Blanca y lo mas lejos que había llegado era Necochea de vacaciones en los de unos tíos un verano...

¿Qué pensabas durante el viaje?

Y... de entrada cuando vi Marina pensé que me tocaba un barco viste?, y medio medio que no me atraía mucho el agua, tenía miedo de marearme, que sé yo, pero cuando me dijeron “Infante de Marina” me sonó, no sé... ¡importante!... además nos contaron que el BIM 5 estaba muy bien porque era de los de primera línea si nos agarrábamos con los chilenos... pensar que lamenté que esa posibilidad se hubiera esfumado... mirá vos! (se ríe)

Bueno, ¿y?

Jajaja, pará, que lo estoy disfrutando. Cuando llegamos nos apuraron, gritaron, apretaron, formaron... lo usual en estos casos, después uno con una lista te iba nombrando y nos fueron distribuyendo.

¿Vos cruzaste a Malvinas con la misma gente con la que recibiste entrenamiento?

¡Nooooo, para nada!, ¡vos pensá que yo era clase 62 y el grueso de los pibes era 63!

Y vos como clase 62: te convocaron, ¿cómo fue?

No le digas nada a mi vieja pero yo en casa hice como que me habían mandado a llamar viste?, “me convocaron y tengo que presentarme” dije en casa, la realidad es que cuando me enteré, saqué pasaje por mi cuenta y me volví al 5 sin que nadie me diga nada, largué el laburo, largue la piba, ¡no me importó nada!

Y entonces llegaste y pediste que te incorporen, ¿cómo hiciste?

Es que yo había tenido como Jefe de Sección a un tipo fenomenal: el Teniente Binotti y fui derecho a verlo a él, me presenté de civil y cuando me vio se puso a reír: “¿qué hacés acá?” vine a dar una mano Señor, los pibes son muy nuevos, yo le puedo ayudar con ellos... no me deje acá Señor, lléveme con usted.

¿Y el teniente te dijo que sí?

Nooo, de entrada se puso serio mal y me sacó corriendo... pero al rato volví, me asomé a la puerta de su pieza haciéndome el gracioso: “dele Señor, no lo voy a hacer quedar mal”… y me explicó que iba como Segundo Jefe de Compañía: la Mar y que tenía que solicitar autorización del Teniente Cionchi... “soné” pensé, con Cionchi era diferente, un tipo sin vueltas, unos huevos de terror...
Pasé la noche en el piso, al lado de mi cama, va, de la cama del soldado que la usaba y que yo había usado el año anterior, me despertó un golpe en los pies, salté en el aire, era Cionchi, me hizo señas de que lo siguiera afuera, era de madrugada, me dijo que necesitaba alguien en la radio para la compañía (mi viejo “trabajo”) que lo viera a Foschesatto que él ya sabía. Cuando amaneció yo estaba ahí, Foschesatto se sonreía bajo el bigote, un padre para nosotros...

¿Y allá: cómo te fue?

Mirá, cuando vimos esa noche y sobretodo, escuchamos el enfrentamiento de los pibes del 7 en Longdon, yo los vi volviendo para el pueblo, hechos pedazos, sin armas ni casco... contando que habían tomado prisioneros y los habían fusilado desarmados... ahí fue que tome la determinación. En las pausas que me daba el Jefe, fui haciendo un camino, envolvía de a 4 los cargadores en un plástico negro que se usaba para forrar los pozos de zorro, aguantaba muy bien el agua, y los fui escondiendo entre las piedras. Ya había visto yo el lugar ideal para aguantar, alto y con piedras por todos lados. Ahí metí una cantimplora y dos raciones completas y ¡diez cargadores! ¡Minga me iban a agarrar! Y me volví...
Esa noche fue terrible, vimos como la Cuarta recibía fuego sobre las posiciones propias, la radio hervía!, estábamos bien, el 5 aguantaba bien las pérdidas y los ingleses iban de cara al barro una y otra vez, nos desesperaba ver a la luz de los fuegos a los pibes de la Cuarta de la Nacar darse duro con los ingleses y no intervenir, los bombazos empezaron a llegar cada vez mas cerca, el Jefe estaba orinando sangre por un problema de salud pero no aflojaba hasta que Robacio lo mandó dopar y evacuar al pueblo después que un bombazo lo levantó en el aire y lo tiró de espaldas contra una piedra... solamente drogado pudieron sacarlo de ahí, yo le avisé al Teniente Binotti que el Capitán quería hablar con él, ahora era el Jefe, no sabés como me miró... me dice: “vos viniste por tu cuenta, podés irte con el Teniente al pueblo, la radio ya no sirve mas... andá” y se dio vuelta y lo perdí en la oscuridad...

¿Y qué hiciste en ese momento?

Je... descargué la radio y fue una bendición, sentía que podía volar sin eso atado a los hombros, yo sentí que me daban permiso para hacer “mi guerra” y como te conté, estaba preparado. Vinieron tiros de mi izquierda, después me enteré que habían embocado un PDF en un helo inglés y todos al carajo, eran Galeses, los estaban parando, retrocedí por “mi camino” y de pronto me vinieron tiros casi desde atrás, cuando miro vi infantes del Ejército que venían subiendo en dos columnas, después supe que eran dos subtenientes infantes... como yo... Franco y Lamadrid que venían metiendo fierro desde abajo con los pibes para dar una mano a la Mar pero los cortaron los Gurkas
Corrí mientras las balas me picaban entre las piedras... mamita... ¡qué locura!. Estaba seguro de que si llegaba a mi “pampita” no me bajaban más. Cuando llegué empecé a tirar sobre los Gurkas para darles apoyo a los pibes del 6, un bombazo me pegó muy cerca, tiré entonces para el otro lado, bajaba un cargador tras otro.

¿Tenías miedo o no eras conciente de lo que pasaba?

¿Qué? ¡No sabés el cagazo que me entró!!
Pero tenía que aguantar... Mirá, de pibe mi viejo me contó que el abuelo resistió en España en un lugar que llamaban el Alcazar de Toledo.... él estaba dentro y aguantó hasta el final, lo han tenido que matar para que dejara de pelear... y este era mi Alcázar y yo me iba defender... igual que mi abuelo, ¡mierda me iba a rendir!, ¿El abuelo no se rindió?: yo tampoco...
Qué bien que estuve en traer y esconder la munición ahí!, no sabés qué rápido se iba... pero los vi venir, me tiraban a mí, ahora ya no tiraba para ayudar a los demás sino para salvarme yo... me acuerdo que tiré como loco y te juro que los vi caer, me tiraron un misilazo que me pasó “así” de la masarota y se perdió en la noche... ¿sabés?, lo último que recuerdo es que vi que usaba el último cargador y desde ahí, no tengo mas recuerdos de esa noche... pero después la cosa cambió... ahora hago mi guardia cuando cae el sol pero ya no hay tiros... las noches son increíbles de estrellas y el viento te confunde a veces, pareciéndose a los gritos de aquella vez...

Che Pedro, te llaman los pibes abajo...

No... éste es mi Alcázar y no lo dejo, desde que llegué a él, ya no lo dejé mas... como el abuelo.


Fuente: Norberto Laffusa - Misión Malvinas
Foto: Archivo personal